Hay que terminar con ellas, con ellos, con los «darlings» de las novelas, de las historias que creamos, de los relatos que escribimos. Algo que nos sucede a todas las escritoras y escritores a la hora de crear es que siempre tenemos momentos que nos encantan, que son nuestros favoritos, escenas enteras que nos maravillan, párrafos que nos enamoran, que nos parecen memorables, pero que… Y ahí está el problema, en el «pero».
El origen de «mata a tus queridas»
La frase proviene de la original en inglés «kill your darlings» y suele atribuirse a Faulkner, que la utilizó, pero también aparecía en una obra de Sir Arthur Quiller-Couch de 1916, The art of writting. La frase habla de la necesidad de eliminar (matar) aquellos fragmentos de tu texto que te encantan, pero que no aportan nada en absoluto a la historia y que pueden incluso funcionar como distracciones de la lectura.
Por cierto, mi gran maestro Stephen King también hace mención a esto en su obra Mientras escribo (que si escribes te recomiendo muchísimo). Lo que nos dice es:
Cuando escribas, kill your darlings, kill your darlings, kill your darlings. – Stephen King

Y es que hay escenas en las primeras versiones de todo manuscrito que, si prestas un poco de atención, son prescindibles. No aportan nada. O peor, son tan innecesarias que hay que eliminarlas, matarlas, terminar con ellas, borrarlas. Porque no solo no aportan nada a la historia, es peor, podrían alejar a los lectores/a de la trama, podrían incluso hacer que abandonasen la novela.
Yo confieso que también he escrito escenas Queridas
A mí me ha sucedido, yo también he escrito escenas, párrafos y capítulos prescindibles en mis novelas, y esto, cuando se me ha pasado por alto, lo han detectado mis maravillosas lectoras beta; a veces mis amigas lectoras beta, otras veces las lectoras profesionales que he contratado para que mi texto sea el mejor.
Mientras las escribía me encantaban, me hacían disfrutar. Al leerlas ídem, me seguían pareciendo magníficas. Pero la realidad era que al quitarlas la novela mejoraba.
No sientas pena: kill your darlings
Sé que puede dar mucha pena. A veces es una lucha interna. A veces una lucha con la persona que te lee y te lo ha descubierto. En otras ocasiones la lucha es doble, con tu lector/a cero y contigo. No son pocas las veces que me han respondido los autores y autoras con las que trabajo con frases como estas: «¿Pero estás segura?» «¡Ay, si es de mis capítulos favoritos!» «¿De verdad crees que sería mejor quitarlo?» La respuesta es siempre la misma, «sí, sí, sí». Razono, les pregunto qué sucedería en la novela sin esa escena, qué creen que aporta a la historia, si piensan que de verdad es necesaria. Y al final, lo ven claro.

Creo que la tristeza proviene de tu conexión emocional con esas escenas. Por algún motivo esas escenas conectan contigo, lo que no es extraño teniendo en cuenta que la historia ha salido de ti. Y de verdad te planteas que no hay que quitarlas. A veces, incluso dudas de tus lectores/as cero, y rebates. Bueno, podría ser que se equivocasen, son humanos, pero si reflexionas y dejas pasar el tiempo, verás que es cierto, esos fragmentos de tu obra no pintan nada en ella. Por mucho que a ti te gusten.
¿Qué hago entonces con esas escenas darlings?
Bórralas. O mejor. Córtalas de la obra, pero guárdalas. Puedes crear una carpeta con tus darlings, quizá en el futuro de alguna de ellas surja otra novela, o un relato, o simplemente te apetezca releerlas y disfrutar de ellas.